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Comuníquese Bien y Frecuentemente

Comunicarnos bien es un arte que vale la pena aprender. Nos permite acortar distancias, eliminar barreras y tener éxito en nuestras relaciones personales. Expresar lo que pensamos, sentimos y deseamos es fundamental para enriquecer y mejorar las relaciones con nuestros hijos. De esta manera podemos entregarles valores positivos, productivos y saludables.

Cada día tenemos menos tiempo para compartir y dialogar con nuestros hijos. Múltiples tareas y largas o dobles jornadas de trabajo son algunos de los problemas que tenemos que enfrentar para darle cabida a un verdadero diálogo. Frecuentemente, cuando se nos pregunta sobre la comunicación que existe con nuestros hijos, no tenemos problema en decir: "yo hablo mucho con ellos". Pero, si analizamos un poco más, descubrimos que la comunicación se limita a ser instruccional "no hagas esto o aquello", "limpia tu cuarto!", "haz tus tareas".

Es necesario que reconozcamos la importancia de crear momentos especiales para compartir con nuestros hijos en familia. Al abrir espacios para dialogar estamos diciendo a nuestros hijos que nos interesa conocer lo que piensan, que pueden confiar en nosotros sus dudas y temores, que estamos siempre dispuestos a compartir la información que necesitan o les interesa conocer. En resumen, les demostramos respeto y confianza.

No siempre es fácil una buena comunicación entre padres e hijos. Pero si aprendemos estilos adecuados para comunicarnos con nuestros hijos, diversas maneras de mantener conversaciones con ellos y les dedicamos suficiente tiempo, podremos garantizar el éxito de este objetivo. La calidad de la comunicación es más importante que la cantidad.

 

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El problema es que a veces no sabemos cómo hacerlo, no sabemos qué decirles, cómo decirlo, o cuándo decirlo… ¿Por dónde empezar? Aprendiendo tres habilidades básicas y sencillas:
1. ESCUCHE 2. OBSERVE 3. HABLE

Estas destrezas le ayudarán a tener diálogos más enriquecedores con sus hijos, para guiarlos hacia comportamientos sanos y responsables, y fortalecer su auto-estima.

¿Qué decir?
¿Cómo decirlo?
¿Cuándo decirlo?
 

1. SABER ESCUCHAR

Escuchar es el componente más importante de una buena conversación, y tal vez, el más difícil. Muy a menudo, cuando decimos que estamos escuchando, damos al mismo tiempo señales que nos contradicen, "si hijo, te estoy escuchando", cuando en realidad estamos concentrados en un programa de televisión; o cuando les interrumpimos a cada rato, volviendo en un regaño lo que había empezado como un intercambio.

Algunas prácticas sencillas para aumentar en nuestros hijos el deseo de compartir sus experiencias o preocupaciones durante el transcurso de una conversación son las siguientes:

  • Muestre una actitud positiva frente a su hijo: mírelo a los ojos, asienta con la cabeza, si está sentado incline su cuerpo hacia adelante, entréguele su completa atención.

  • Ponga atención a lo que su hijo dice y cómo lo dice. Tenga en cuenta su tono de voz, las palabras que usa, los gestos que hace, el movimiento de su cuerpo, y su estado de ánimo.

  • Identifique los sentimientos que su hijo está expresando al hablar. No lo interrumpa. Concéntrese en escucharlo. Mientras él habla, no piense en la opinión que usted tiene sobre lo que él está diciendo ni en lo que le responderá cuando haya terminado.

  • Asegúrese de entender lo que su hijo ha querido decir durante la conversación. Para confirmarlo, repita lo que usted ha entendido. Por ejemplo: "¿Quieres decir que sabes que debes decir "no" al uso de drogas, pero que no sabes cómo manejar la presión de tus amigos?"

Si sus hijos notan que usted los sabe escuchar estarán más abiertos a compartir sus sentimientos y sus dudas, y usted podrá saber lo que piensan.

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Preste atención
No interrumpa
No prepare
su respuesta mientras su
hijo le está
hablando
Confirme lo que
su hijo le ha
dicho

2. SABER OBSERVAR
Saber Observar



Obsevemos todos los
mensajes:
No ignoremos los del cuerpo.

En las conversaciones con nuestros hijos, la comunicación verbal (lo que hablan) es tan importante como la no-verbal (como actúan). Para poder comprender lo que están tratando de comunicarnos, es necesario observar detalladamente todos los mensajes que nos envían, tanto con sus expresiones corporales como con sus palabras. Saber reconocer estas señales nos ayudará a conocer sus sentimientos.

  • Esté atento a las expresiones corporales y faciales de su hijo. Observe por ejemplo, si está relajado, sonriente y mirándole a los ojos, o si por el contrario, está nervioso, tiene el gesto fruncido, golpea el piso con sus pies y mira continuamente su reloj. Estas señales mandan claros mensajes que no podemos ignorar.

  • También es importante enriquecer nuestras señales corporales; miradas, gestos, caricias, apretones de manos, roces o sonrisas. Estas acciones son un lenguaje que nos acerca a nuestros hijos y favorecen la comunicación.

3. SABER HABLAR (RESPONDER)

Saber cómo responder a las preguntas de nuestros hijos es el tercer elemento crítico en la comunicación. Si deseamos que ellos compartan sus sentimientos, opiniones, temores o dudas con nosotros, debemos acogerlos en forma cálida. También debemos demostrarles calidez cuando queremos darles a conocer nuestras opiniones o la manera de solucionar conflictos.

La forma de expresarnos también presenta ciertos elementos críticos que pueden facilitar o bloquear la receptividad. Algunos de estos elementos son los siguientes:

  • Saber manejar el tono de la voz. Debemos darnos cuenta cuando nuestra voz suena a crítica o burla, o cuando damos la impresión de estar imponiendo órdenes y gritando. Estas tonalidades bloquean la comunicación. Por ello, un tono de voz cálido y amistoso forma parte del éxito en la comunicación.

  • No ofrecer consejos cada vez que su hijo le habla. Es mejor escucharle con atención y tratar de entender sus sentimientos detrás de las palabras, y luego verificar lo que ha querido expresar.

  • No convertir la conversación en un regaño. Usar palabras precisas, frases cortas y comentar sólo lo esencial. Así se evitan los famosos discursos o "regaños" que sólo conducen a reacciones agresivas.

  • Evitar el uso de palabras recriminatorias como "siempre" y "nunca". Por ejemplo: "Siempre haces lo mismo para contrariarme" o "Nunca me ayudas en nada". Estas afirmaciones llevan a sus hijos a optar por reacciones de contra ataque o actitudes defensivas. En cambio, si les hablamos de nuestros sentimientos creamos una atmósfera positiva y facilitamos laconversación. Por ejemplo: "Siento que no me ayudas lo suficiente; me gustaría que me ayudaras más con el aseo de tu cuarto".

  • Evitar el uso de palabras hirientes o despectivas. La mejor manera de romper el diálogo con un hijo es decirle que es "vago" o "egoísta".

  • Criticar el tipo de comportamiento, no al hijo. No concentrarse sólo en las faltas, asegurarse de halagarle los aspectos positivos. Entendamos que cuando felicitamos a nuestros hijos en lugar de criticarlos, ellos rápidamente aprenden a sentirse bien y seguros de sí mismos.

  • Cuando tenemos que responder algo a nuestros hijos es más conveniente utilizar la palabra yo en vez de . Con esto abrimos la posibilidad de que nos escuchen porque no les suena a regaño. Al hacer afirmaciones es mejor utilizar la primera persona, por ejemplo: "me molesta mucho que me respondas de esa manera" en vez de " siempre tienes esa forma de responder". Con esta técnica se evita poner al interlocutor en guardia. Una buena forma de responder a su hijo es expresándole sus sentimientos; algo como "estoy preocupada por …" o "entiendo que a veces es difícil…." . Si usted habla por sí mismo estará brindándole a su hijo la posibilidad de que él haga lo mismo, creando así un diálogo productivo en lugar de un campo de batalla en el que alguien tiene que ganar.




La calidez
y calidad,
el diálogo




Si usted habla
por sí mismo,
dará a su
hijo la
posibilidad
de hacer lo mismo
ATENCION! ATENCION! ATENCION!
 

Durante el transcurso de una conversación, muchas veces, el desacuerdo con lo que estamos oyendo puede terminar con el diálogo. Es importante que aprendamos a controlar el enojo, y de ser necesario, tomarnos un tiempo prudente para calmarnos antes de continuar. A veces, cuando nos sentimos irritados herimos a quienes más queremos.

Cuando se sienta enojado trate de recordar la palabra CONTROL:

CAMBIE su actitud, comience por moderar el tono de su voz. Recuerde que también enseñamos por medio del ejemplo. Si su hijo lo ve calmado en un momento de enojo, entenderá que usted espera de él el mismo comportamiento en circunstancias similares.

OBSERVE los motivos que causaron el sentimiento de enojo.

NO diga palabras vacías que lastimen y confundan a su hijo. Desapruebe los comportamientos, no a su hijo.

TOME tiempo para calmarse antes de continuar hablando (cuente hasta diez, respire profundo, salga de la habitación, vaya a caminar).

RESUELVA el problema de la mejor manera. Una vez calmado examine lo sucedido y decida cómo manejarlo apropiadamente.

OPTE por corregir y disciplinar a sus hijos con amor, sin lastimarlos ni lastimarse.

LASTIMAR mientras se está enojado, no es una excusa.

Aprenda y enseñe a manejar las situaciones de enojo con sus hijos de manera apropiada y con amor.

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ESCUCHE

  • Demuestre una actitud de acercamiento:
    Considere sus expresiones corporales.

  • Permanezca atento.

  • Muestre interés.

  • Establezca contacto visual.

  • Asienta con la cabeza para indicar que está entendiendo.

  • Inclínese hacia adelante.

  • Preste atención a lo que su hijo dice y cómo lo dice (tono de voz, palabras que utiliza).

  • Evite dar mensajes contradictorios.

  • Identifique y reconozca los sentimientos detrás de las palabras.

  • No interrumpa.

  • Escuche cuidadosamente, en vez de preparar su respuesta.

  • Asegúrese de haber entendido lo que su hijo le ha comunicado. Repítale lo que usted creyó entender.
OBSERVE


  • Expresiones verbales: Qué palabras utiliza y cómo las utiliza.

  • Expresiones no verbales: Qué tipo de gestos faciales y corporales manifiesta. Observe si se encuentra relajado y sonríe, o si por el contrario se pone nervioso, tenso, golpea el piso con el pie repetidamente y mira el reloj a cada momento.

  • Intente descifrar qué pueden significar estas expresiones.

  • Enriquezca la comunicación con manifestaciones de cariño (sonrisas, palmoteos suaves, besos, abrazos).


DARLE TIEMPO A SUS HIJOS ES INVERTIR EN UN FUTURO MEJOR PARA ELLOS.
HABLE


  • Afine el tono de su voz de manera que no suene a burla, crítica o como impartiendo órdenes.

  • No ofrezca consejos a su hijo cada vez que conversan.

  • Asegúrese de reconocer y elogiar las cosas que su hijo hace bien.

  • Critique el "comportamiento" que usted desea que su hijo modifique, no al joven.

  • No convierta su conversación en un "regaño."

  • Utilice frases cortas para comunicarse.

  • Evite usar palabras como "SIEMPRE" o "NUNCA" para corregirlo.

  • Evite hacer comparaciones con los hermanos.

  • Evite el uso de palabras despectivas.

  • Haga la conversación más fácil: exprese sus sentimientos.

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